jueves, 25 de noviembre de 2010

La luz roja entró en la habitación sin ser invitada y se descubrieron frases invisibles escritas en los muros. ¿Qué es todo esto?

Una cabeza balanceándose sobre un muelle en el centro de la habitación reía compulsivamente. Cambiaba el gesto impulsándose en muecas plastificadas siniestras al contraste de aquel rojizo sombreado.

¿Qué era todo aquello que querías decirme?
JAJAjajajajaJAJAJAjajaJAjaja
¿Qué era todo aquello que querías que te preguntara?
jaaaaaaaajaaaajaaaaaaJAAAA

Las manos se cerraron sobre el muelle. No vas a levantar más la cabeza. JajajaJajaJAJAa

Corrió golpeándose contra las paredes. Oh, ¿quién pronuncia estas frases contra las que me estrello?

Arranca las cortinas en un furioso intento por tapar la luz.

¿Acaso el sol se está muriendo de vergüenza? ¿Qué diablos es esta luz?

Dejó colgar medio cuerpo por la ventana. No estaba abierta, pero lo colgó y vio que por la calle caminaban los demonios y los deformes dándose la mano y compartiendo astutas maquinaciones.

La sombra asaltó el cielo de repente y con ella murió el incendio de luz y, tras ella, las frases invisibles desaparecieron.

Le asaltó el pánico, ¡no me había dado tiempo a leerlas! Y entonces alzó la vista y vio que lo que creaba aquella sombra era una caja gigantesca cayendo entre las nubes sobre su cabeza. De la caja salía un muelle que se balanceaba mecida por el viento de la caída, y una cabeza gigante que hacía resonar su carcajada más allá de la comprensión.

JAJAJAjajaAAAAAjajaJAaaaaJAJAJAJAJAjaaaaajajajaja.

Y tras caer, fue lo único que quedó. Aplastando ciudades enteras al final de cada balanceo.

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