lunes, 7 de marzo de 2011

Contabas muy entusiasmada aquella historia, a la que de verdad que no dejé de prestar atención. Pero el viento nos traía el rocío del choque de las olas contra las rocas y mi disfrute estaba, por tanto, dividido en dos.

Tu historia llegaba a su mejor momento, lo sé, cuando empezó a llover y todo el agua se mezcló en nuestra vista. Me tumbé mirando al cielo, cogiendo aire bien fuerte mientras hincaba los dedos en la arena mojada.

Quitaste la radio rápidamente para que no se mojara, haciendo que dejara de sonar aquella canción que empezaba a gustarnos. Esbocé una sonrisa y te miré, para relajar el estrés que te invadía.

- No deberíamos haber venido -dijiste suspirando-, no es un día para la playa.
- Me gusta la playa así. Sentir que la quiero cuando nadie más lo hace.

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