Un chorro de aire frío directo a la cara no me deja concentrarme, pero a la larga la calor es peor. Las manos me sudan, hacen que todo lo que realizo con ellas sea incómodo. El más mínimo esfuerzo ya me humedece y por la calle tengo que ir buscando las sombras para ocultarme en ellas si no quiero que mi ropa y mi piel empiecen a quemar.
Ya viene el verano, la época de la felicidad. Espero que, por lo menos, de aquí a unos años las vacaciones duren seis meses, gracias al efecto invernadero.
Aburrimiento, decadencia, malestar.
Me estoy asfixiando.
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