lunes, 17 de diciembre de 2007

Mantiene la vista clavada a los pies de la torre. Señala a través de una flecha todo aquello que mira, y está preparado para extender su dedo índice hacia todo el que pretenda invadirla. Ha sido educado para sobrevivir dignamente en el mundo en el que vive.

Su voz se emite por correspondencia, a través de los peligrosos parajes que le han sido descritos, demasiado allá. Sobre él, las nubes le tienen como centro de un perfecto círculo. Cubren levemente las estrellas que no se puede permitir admirar, pero agradece que iluminen el camino que ha de seguir manteniendo intransitable. Sonríe para sí, se siente útil.

"Últimas noticias desde la torre: Sin novedades"

Los árboles crecen frente a sus ojos, el paisaje envejece. A veces piensa que la torre está cada vez más inclinada hacia el suelo. Se preocupa, rato después decide enviar una carta informando del deplorable estado en el que los años la han dejado. No obtiene respuesta a ésta.

Sus pensamientos empiezan a alejarse eventualmente de su misión. Es una parte más del cuadro del paisaje al que pertenece. Tiemblan las manos que sostienen el arco. Su esfuerzo da paso a una temida depresión, maldice el llanto que no le permitirá ver con eficacia la posible presencia de algún enemigo. Su corazón late demasiado fuerte como para sujetar con frialdad el arco y obtener de él toda la precisión posible.

"...Sin novedades"

El aire se lleva las únicas palabras que han salido de él en meses, vuelan hasta perderse de vista y luego van a caer en cualquier sitio, rodeada de otras tantas más iguales. En su interior, el mensaje se repite. Consuela su depresión, se siente útil: "Ya ha sido enviada", piensa.

La tierra duerme en el silencio que los hombres le han otorgado, unas vacaciones de vida. Nadie ha pisado en años esas tierras, ni tampoco nadie piensa pisarlas nunca. El paisaje es bello así.

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