"Moonlight Sonata" fluye en mi mente, arrastrando en cada nota a los segundos que parecen querer una noche eterna, ¿cuántos amaneceres juntos hemos visto y cuántos más veremos?
Estas horas de vapor y fantasmas en las que todo lo que piensa, por la confusión es tocado; más acusada me llega. Sofocada por un estado febril que a duras penas me deja diferenciar lo que toco de lo que imagino tocar, ha hecho que una voz en mi cabeza, para mi placer, recite versos aparentemente improvisados pero que bien conozco. Alguien que una noche, que a la mía parecida imagino, ya los escribió:
"Al ver pasar mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará?"
Yo lo hubiera hecho, igual que tú hoy, en las mismas circunstancias, has venido a traer consuelo a la orilla del mío. Y, sin embargo, es la primera vez que siento que esos versos a mí me hablan. Cada vez que ese poema en mí se recitó, no hubo hueco más que para un contundente "yo" en respuesta a los versos posteriores, en donde te atreviste a hacer la temida pregunta:
"Quién en fin al otro día,
cuando el sol vuelva a brillar,
de que pasé por el mundo,
¿quién se acordará?"
Y así pasan mis horas de fiebre, insomnio y delirios; en grata compañía. Rodeado por Beethoven, Bécquer y voces abstractas no identificadas. Por esta noche, la soledad queda muy lejana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario